Panaj

DIRC inicia pláticas con sectores de la población de Panajachel

Personal de la DIRC se reunió con los vecinos del Barrio Jucanyá sector Norte en coordinación con el COCODE de ese sector el señor Noé Cululén, con el fin de tener un acercamiento con este sector y dialogar sobre prevención de la delincuencia, cultura de denuncia y sobre medidas de seguridad ciudadana para mujeres.

Debido a que en la reunión la mayoría fueron féminas las que asistieron a dicha reunion se tratáron temas sobre la seguridad que debe de haber dentro del hogar, que hacer para poner una denuncia en el Ministerio Publico y sobre qué instituciones deben de acudir para denunciar el maltrato a las mujeres, además se entregaron volantes con información y números telefónicos para denunciar si la policía nacional civil si estos cometen algún acto ilícito comenta Mario Velásquez Agente de la PNC DIRC.

Se tendrán más pláticas con otros sectores de la población, para poder erradicar la violencia y evitar linchamientos en esta localidad, la cual se piensa realizar esta actividad cada 15 días, recalcó Velásquez.

Se entregan 36 tubos

Jueves 17 de diciembre, en el municipio de Panajachel llegó la donación de los 36 tubos de parte de la embajada de Alemania a través del cónsul de Alemania el Señor Jürgen Katt, a partir de las 12 del medio día llego el camión que contenía los tubos, los miembros de la asociación se encargaron de recibirlos en la entrada del municipio y se inicio un recorrido por todas las calles con el motivo de darle a conocer al Pueblo sobre la donación, durante el recorrido se tuvo la presencia de algunos vecinos que acompañaron hasta el Parqueo Municipal ubicado en la playa municipal, en donde se realizo un acto protocolario que incluía, música de marimba, el himno nacional de Alemania y el de Guatemala, con esto se daba un reconocimiento al Señor Jürgen que estuvo presente durante todo el acto.

El señor Jürgen hizo énfasis en que la donación fue producto de varios Alemanes interesados en la recuperación del lago de Atitlán atreves del consulado en Panajachel, agradeció a los miembros que conforman esta asociación y a los extranjeros residentes en Panajachel que colaboran en la obra.

Leyenda: La Piedra del Zope

Sencilla y coquetona lucía la casita que con enormes sacrificios, había construido Sebastián, en las márgenes del río Panajachel. Vista de lejos, semejaba un cascarón de carnaval, tal la variedad de colores con que el muchacho la había pintado.

Gran numero de tiestos y latas pendían en el corredor, con flores de diferentes matices, que embellecián de sobremanera la casita, acusando la presencia de manos femeninas en el hogar y para que nada faltara, en una jaula de bambú, dejaba oír su canto, una paloma cantora y una cachajina.

Si por fuera la casita de Sebastián tenía un aspecto encantador, en su interior ocurría lo contrario, todo era completamente diferente.

Allí un cuadro de dolor y angustia se hacía patente y las largas noches de vigilia, habían dejado ya, hondas huellas de tormento, en los pálidos rostros de las tres personas que en la casa residián.

Sebastián joven jornalero, que reunía en su persona todas las características de los antiguos mayas, yacía ahora postrado en un rustico tapesco, víctima de la locura, enfermedad que le había sobrevenido a consecuencia de un golpe recibido cuando accidentalmente cayó del techo de su casita, cuando daba los últimos martillazos para terminarla.

La imagen de San Francisco esculpida por Sebastián, un incensario de barro, embalsamaba el ambiente con el olor del pom y estoraque, una candela de cebo colocada frente al santo, alumbraba la habitación con su luz titilante.

Las horas pasaban lentamente y el silencio que en la habitación reinaba solo era interrumpido de vez en cuando por el lúgubre canto de un tecolote, que posado en la rama más alta de un guayabal cercano a la casa, parecía solazarse en hacerles más amargo el momento a las infelices mujeres, principalmente a la anciana, que era la que más creía en los malos presagios del feo animal. Con ojos dilatados por la angustia y el espanto y dirigiéndose a su nuera exclamó:

-¡Otra vez ese maldito tucur…!

-¡Agarrálo Malena y le retorcés el pescuezo!

-¡Si no se puede nana!- exclamó la muchacha y tratando de tranquilizar a su suegra, prosiguió:

-¡Dejálo estar nana, dejálo que cante…! Ya va a venir al zahorín, a curar a Sebastián, con ña manteca de mazacuata y en cuanto él esté bueno… entonces le arrancamos la lengua a ese maldito “tucur”

En ese momento apareció en el umbral de la puerta, un viejecillo que se apoyaba en un bastón, cuyo mango semejaba la cabeza de un tecolote… era el anciano zahorín que llegaba a curar al muchacho. Mientras tanto llovia muy fuerte.